miércoles, 23 de octubre de 2013

¡Encuentro fantástico de Dos Hermanas en directo!

Si ayer hablaba de mi participación en el VIII Encuentro Fantástico de Dos Hermanas y de porqué tiene todas las trazas de ser un evento muy molón, ayer los organizadores anunciaron a través de su web de Facebook que será posible seguir las conferencias en directo a través de la web:

"Tras las pruebas técnicas de hoy, os lo podemos confirmar:


¡TENDREMOS DISPONIBLE LA EMISIÓN EN DIRECTO DEL EVENTO A TRAVÉS DE INTERNET!

Seleccionando la opción "Escuchar Online" como veis en la imagen, no te quedarás con las ganas de disfrutar de las mesas redondas del encuentro si no puedes venir en persona.

No podemos daros la experiencia de interacción y charlar con autores y asistentes, ¡pero al menos esperamos que disfrutéis de las charlas que prometen ser interesantes!


Clic en la imagen para acceder a la web de Facebook del evento

Así que ya sabéis: si queréis seguir cualquiera de sus mesas redondas desde la silla, ya podéis hacerlo. ¡Alegría!

lunes, 21 de octubre de 2013

Trasgos en el VIII Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas

Abre la puerta del blog, cuyas bisagras gimen al salir de su oxidado letargo. El interior está lleno de enredaderas adornadas con grandes hojas y cubierto por una capa de polvo de un dedo de grosor. Las ventanas sucias filtran una luz muy tímida, tanto que el interior apenas se ilumina. Cada vez que da un paso, deja la huella de una bota impresa en las baldosas. Sin molestarse en retirar las telarañas de las esquinas, se deja caer en el sillón, levantando a su alrededor una polvareda que, en venganza por haber visto alterado su descanso, carga contra las fosas nasales y los ojos. Ha pasado mucho tiempo desde que visitó el blog por última vez... pero ha sido por una razón. Una razón que verá la luz muy pronto.

Hola a todos y bienvenidos de nuevo al blog de El Rey Trasgo. En lo que queda de año van a pasar cosas muy, pero que muy interesantes, así que regreso para teneros al corriente de las noticias que se vayan sucediendo, las novedades que se confirmen y las fechas de próximos eventos. Empecemos por lo más inminente: este fin de semana estaré en Dos Hermanas, participando en su VIII Encuentro de Literatura Fantástica. Dicho evento tendrá lugar el 25 y 26 de octubre, aunque por motivos laborales solo podré estar el sábado. Tengo muchas ganas de ir por varias razones: en primer lugar, el ambiente que he respirado en Sevilla siempre ha sido excepcional y guardo un recuerdo más que grato de su Feria del Libro.

En segundo lugar, van a asistir autores a los que aprecio y admiro: Teo Palacios -que recientemente ha encendido toda red social habida y por haber con un directísimo post sobre la piratería en la literatura, cuya lectura os recomiendo esteis de acuerdo con él o no, aunque sea para conocer otro punto de vista-, moderará una mesa sobre experiencias literarias innovadoras en las que participan Carlos Sisí, mi archienemiga y amarga rival Virginia Pérez de la Puente (ella conoce el porqué de tales adjetivos) y Susana Vallejo. Sé que cada uno tiene un modo de escribir muy particular, además de experiencia en el medio y unos resultados comerciales y de crítica que respaldan sus métodos, así que no puedo sino recomendar esta conferencia para conocer mejor cómo se fraguan sus historias.


También participan Santiago García Clairac, a quien gracias a la celeridad del AVE podré ver en la ponencia inaugural, y Concha Perea, cuya Corte de los Espejos está cosechando unas críticas excepcionales. Vamos, que no va a haber un minuto para aburrirse. ¿Y yo? Yo formaré parte de la conferencia A la conquista del lector, con la participación de Juan Carlos Ramiro Barambones y Xavier Marcé, y la moderación de Ernesto Fernández. Imagino que la charla empezará con la pregunta, "bueno, y entonces, ¿cómo se conquista al lector?". A lo cual yo responderé con un sincero "no lo sé". Si no me echan de la mesa en ese preciso instante mientras añaden mi nombre a una lista de personas non gratas, desarrollaré mi respuesta con mucho gusto.


¡Ah! Y ni qué decir tiene que quizá se me escape algún detalle sobre la segunda parte de El Rey Trasgo, Títeres de Sangre. Nada definitivo, claro... ¿o tal vez sí? Veremos, veremos. Y por supuesto, si traéis vuestro ejemplar de la novela, será un placer hacerle una bonita dedicatoria. Nos vemos en Dos Hermanas y nos vemos aquí, donde pronto habrá noticias. Hasta entonces.

Aparta una araña que desciende lentamente de una esquina del techo y amenaza con aterrizarle en la cara: después de dejarla sobre la mesa esta se esconde, muy asustada, entre un par de tablones.

martes, 25 de junio de 2013

Las Tierras del Trasgo: Is, Esidia y Thorar

Is es piedra blanca y vegas de viñedos. Es sol tibio al norte y vivo al sur, donde linda con Ara; es orfebrería de bronce y lapislázuli, es aceite ardiendo ante los altares de cien dioses. Y también es una tierra de historias que hablan del nacimiento del mundo y su final. Vlad el Viajero observa desde la distancia un corro de niños y, para su sorpresa, niñas, que escuchan a un hombre obeso y rosado con una sonrisa capaz de unir los dos extremos del continente.
Is, por Óscar Pérez.
Primero les habla del norte, de Esidia. Los esidianos, dice, son como osos, no por grandes o fieros, pues no son ni lo uno ni lo otro, sino porque rara vez los verás fuera de su madriguera. Allí, bajo la luz de lámparas de aceite, antorchas o una hoguera en la chimenea, abrigados por pieles y rodeados por paredes de madera y roca, forjan sus armas, leen sus códices, escriben sus tratados, acuñan su moneda. «Les gusta callar», dice, «porque saben mucho, y el que mucho sabe tiene ganas de saber más, así que guarda silencio para escuchar y aprender». Esgrimidores jactanciosos que afirman poder separar la tierra del cielo de un tajo, sinceros hasta el daño, listos como búhos y altaneros como gallos.

Esidia, por Óscar Pérez
«Apenas veían el sol», explica, «así que tuvieron que aprender a medir el tiempo sin él, y que por eso inventaron unos aparatos llamados relojes compuestos por muchas ruedas que bailan entre ellas e indican, con un compás, las horas del día». Habla de las montañas más grandes del continente, hogar de trasgos, pobladas por hombres que unos dicen que son bárbaros aún vivos, otros que solo los espectros que los muertos dejaron atrás. En los picos menudos anidan los grifos y en sus apretados burgos se dice que se reúnen eruditos y sortílegos bajo el mismo techo para intercambiar secretos.

Luego menciona el oeste. Pronuncia el nombre de Thorar, que suena como una espada al desnudarse. Antes de continuar su sonrisa se invierte como la mueca amarga de un sapo. «Thorar nació entre sangres y entre sangres terminará» dice sin que su joven público se sobresalte. «Si miras a los ojos a un thorense», murmura, «puedes ver un desafío helado, muy, muy sereno. No lo controlan. Te miden. Te estudian. Te rondarían en círculos si no tuviesen cortesía. En cada thorense bulle el fuego: por eso adoran al sol, porque cuando miran al cielo no ven a un dios al que rezar sino un igual con el que reunirse en la muerte. Son fieros, no como el tejón y otras alimañas, sino como el venado. No te atacará a menos que entres en su territorio o lo importunes. Ahora bien. Si lo haces, seguirá pateando tu cuerpo después de muerto».

Thorar, por Óscar Pérez
Lubrica su garganta con vino blanco. Mucho. Habla de la corona de Thorar, que por primera vez en siglos no ha cambiado de familia. Del Consejo, cinco sabios que gobiernan todos los asuntos reales. «De uno de ellos se dice que puede transformarse en cuervo a voluntad», dice mientras mueve los dedos, «y de otro, que bajó desnudo de la luna con una lanza de plata. Con alzar una mano, tienen mil picas a sus pies. Si al bajar la mano señalan en una dirección, las naciones que se encuentran al final del dedo tiemblan. ¿Sabéis que hizo así a Thorar? El acero y su propia sangre. Tiene más cicatrices que caminos. Por eso, cuando hagáis daño, pensad que el dolor no es agua, que se evapora al sol: es lava, caliente al derramarse, pero que al enfriarse se acumula, endurece y dura generaciones».

El hombre gordo apura su vaso y mira lejos, a las suaves colinas sobre las que se derrama el pueblo. Ve a Vlad y, reconociendo a un viejo amigo, sonríe.

«Algunos dicen que el continente comenzó en Thorar y en Thorar terminará. Otros dicen que quienes traerán la noche eterna vendrán de las sombras de Esidia. Quizá ambos tengan razón». Los asistentes continuaban escuchando sin dejar entrever muestra alguna de inquietud. «No importa lo que nos deparen los destinos. Llevaremos arena y agua a los fuegos. Llevaremos luz a las sombras. Pues mientras quede un cuerpo en Is capaz de sostener el escudo y la pluma, resistiremos al paso de los siglos y escribiremos sobre el final mismo de los tiempos».

miércoles, 19 de junio de 2013

El poder de las reseñas

Hace tiempo me pidieron que comentase cosas sobre reseñas, así que allá voy. Suena Loreena McKenitt, que recita a San Juan de la Cruz (¡Oh noche que me guiaste!, ¡oh noche amable más que el alborada!, ¡oh noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada! Sencillamente maravilloso...).

Primera parte — Qué busco en una reseña

Un poco de experiencia personal: empecé a escribir reseñas de cómics hace ya once años, para la web de cómics Zona Negativa, donde aún tengo el privilegio de hacerlo semanalmente. Disfruto mucho apuntando, a veces de forma muy breve, a veces extendiéndome, los motivos por los que creo que una obra funciona o no funciona. Un momento, ¿funcionar? Funciona una máquina, o un medicamento, ¿podemos hablar de “funcionar” cuando hablamos de una obra literaria? ¿Es apropiado aplicar un término tan frío, tan dicotómico, a lo que no es sino un pedazo del alma del autor, su romántico mensaje en una botella? Vaya si podemos. Y debemos, en mi opinión, por motivos que desarrollaré a continuación. Detrás de cada libro, de cada cómic, de cada película, hay un objetivo: el más frívolo es ganar dinero con ello y su éxito en este aspecto —comercialidad de la obra, para entendernos— me interesa solo como observador; los que a mí más me atraen son: transmitir un mensaje, provocar sensaciones y hasta sentimientos, contar una historia y retratar a unos personajes.

Dicho de otro modo, en la mayoría de los casos al autor se le presuponen aspectos como la intención creativa, un cierto grado de ideación, capacidad narrativa y, por el amor de todos los dioses con barba, excelencia ortográfica —no voy a detenerme en este punto que considero obvio: si no sabes escribir, lee hasta que aprendas; entonces puedes empezar—. Aquello que, a mi parecer, es interesante evaluar es hasta qué punto el autor consigue materializar esa intención en una obra que transmite aquello exactamente que quiere transmitir. ¿Significa eso que, para mí, que una obra funcione o no depende de que yo capte exactamente el mismo mensaje que el autor pretendía? No, en absoluto. Adoro que una lectura dé como resultado una conclusión distinta a la que el texto propone. Pero si lo que acabo de leer pretendía transmitir un mensaje profundo y relevante y no encuentro sino superficialidad; si su objetivo es provocar tristeza o hasta cierta congoja pero no consigue tocarme el corazón; si aspira a contar una historia compleja que solo resulta deslavazada; si quiere dibujar personajes complejos que no resisten el más mínimo análisis y se antojan simplistas… entonces estamos, bajo mi criterio, ante una mala obra.

«Alberto, estúpido a la par que encantador avatar de Cernunnos», dirá alguien con esas mismas palabras, «¿y si el autor pretendía crear una historia mal hilada con personajes simplistas —que no simples—, es la obra un éxito?». No, la obra es basura y no debería haber sido publicada. Ya me entendéis, maldita sea. Lo que quiero decir es que, desde mi punto de vista, la reseña ha de ir más allá de la opinión, el punto de vista subjetivo, y fijarse en aspectos contrastables teniendo siempre en cuenta que el reseñista es una fuente parcial, con sus manías y sus gustos: humana, en definitiva. Pero sí creo que el potencial comprador valora el hecho de que se diseccione el texto en busca de los motivos por lo que sí funciona, objetivamente, en vez de tener que deducir si su criterio personal y el del reseñista coinciden. He dado con reseñistas cuya opinión he llegado a valorar a la inversa: si tachan algo de mierda, seguramente me guste; aquello que recibe su aprobación posiblemente me resulte un pestiño pretencioso y carente de dirección.

Os pondré dos ejemplos prácticos: ¡Guardias! ¡Guardias! de Terry Pratchett y el arco argumental Auge de Arsenal, de varios autores a los que haré un favor manteniendo en el anonimato. 

¡GUARDIAS! ¡GUARDIAS!

Comedia fantástica de calidad.
Sobresaliente.
¿Transmite un mensaje? ¿Estás de broma? Transmite una docena de mensajes. Sobre el poder, la manipulación, la responsabilidad, la crianza, la amistad, el estatus quo, el valor. Lo hace de forma sucinta, con humor, un lenguaje cuidado a la vez que comedido, mediante observaciones agudísimas y comentarios discretos de gran peso.

¿Provoca sensaciones y hasta sentimientos? Provoca carcajadas, sonrisas de complicidad, compenetración, compasión, épica, peligro, piedad, conmiseración. Hay páginas que, presentándose como meros gags cómics, encierran una capacidad de emocionar al lector superior a la de libros enteros que aspiran a lo mismo.

¿Cuenta una historia? La historia está bien hilada, estructurada y narrada, es sólida y entretenida, y aunque puede llegar a perder un poco de fuerza en torno a la mitad de la obra, una presentación impecable, algunos giros inesperados y el estupendo cierre garantizan una valoración más que positiva en este apartado.

¿Retrata a los personajes? Ejemplos de personajes simples pero no simplistas. El capitán Vimes, el patricio o el encantador Zanahoria son maravillosos en su sencillez y están perfectamente retratados a nivel de personalidad y motivaciones. Pratchett se las apaña para caracterizar a un orangután que habla con monosílabos. Haz tú lo mismo, venga.

AUGE DE ARSENAL

Para esto lees cómics de superhéroes, ¿verdad? Para leer
sobre disfunciones eréctiles. La respuesta del chaval, para
enmarcar. Esta patochada no merece tu dinero.
¿Transmite un mensaje? Si pretendía transmitir un mensaje de superación de las adversidades y renacimiento, fracasa estrepitosamente a todos los niveles. Terminas de leerlo y la sensación de vacío, de intrascendencia, se adueña de ti. No hay un mensaje, no hay una historia, no hay nada. Hay una sucesión de escenas melodramáticas sin contenido.

¿Provoca sensaciones y hasta sentimientos? Provoca un fuerte sentimiento de rechazo, sí. Lo único que consigue es que sintamos lástima por el personaje: no lástima constructiva, sino lástima de “que alguien acabe con él, por favor”. Provoca aburrimiento, por su torpe narrativa, y hastío, por su intrascendencia. Cualquier sensación es superficial y temporal.

¿Cuenta una historia? La básica premisa se estira como chicle y pierde la dirección varias veces en cuatro ejemplares, que debe ser una especie de récord. Además, es una historia débil que no consigue atrapar al lector, sin garra, sin intriga.

¿Retrata a los personajes? Retrata a un guiñapo que busca ser trágico y oscuro y profundo y solo consigue resultar patético. Los personajes secundarios son planos y sin gracia. Las nociones más mínimas de caracterización ni están presentes ni se las espera.

Eso es lo que busco en una reseña, como autor de la reseña y como autor de un libro. Cuando soy yo el que reseña, a veces trabajo con cómics de 24 páginas que no merecen, por la falta de espacio, ser sometidos al riguroso análisis que sí aplicaría a un arco argumental o a una novela, pero en líneas generales es aquello en lo que me fijo y a lo que más peso otorgo —una vez cubiertos los estándares de calidad exigibles en cuanto a calidad de la escritura, pero insisto en que no tendríamos ni que hablar de ello—. Y también, por supuesto, es lo que busco como autor: una valoración tipo “me gusta/no me gusta” es perfectamente válida y puede ser orientativa para el lector, aunque a mí desde el punto de vista creativo, si queréis llamadlo “profesional”, no me resultan tan jugosas, aunque me pueden ayudar a confirmar que el libro está gustando o no está gustando. En cualquier caso, las reseñas no están pensadas para ir dirigidas al autor… aunque este las tenga muy en cuenta. Lo cual me lleva al segundo punto.

Segunda parte — Cuál es la influencia de una reseña

Ahora la señorita McKennit canta “La dama de Shallot”, parte de mi Santa Trinidad de canciones de la canadiense. Vamos al grano. Jorge Lara, de Fantasymundo, fue quien me preguntó si tenía en mente escribir un artículo sobre la influencia de las reseñas. Antes de hablar sobre ello, me gustaría compartir con vosotros una anécdota, la que considero una de las más gratificantes y satisfactorias de mi trayectoria como reseñista. En una edición del Saló del Cómic de Barcelona, el creador y alma mater de Zona Negativa, Raúl López, me apremió a ir a saludar a un autor.

—Me ha dicho que las reseñas que escribimos de su obra —me dijo, pues habíamos escrito una reseña cada uno— ha despertado mucho interés y eso se ha notado en las ventas.

La figura del crítico, en la película Ratatouille
y en buena parte del imaginario colectivo.
“Se ha notado en las ventas”. Algo que yo había escrito, sin más objetivo que analizar un cómic y compartir mis impresiones con los lectores, había tenido un efecto tangible y esos mismos lectores hacia los que me dirigía habían decidido emitir un doble voto de confianza: a mí como reseñista y otro para el autor. Y lo habían hecho en un número suficiente como para que la editorial enarcase una ceja y se lo comentase al autor. Decir que fue algo inesperado es quedarse corto. El viejo mito dibuja al crítico como un ser huraño que se dedica a torpedear obras, a desmerecer trabajos y a humillar a autores, cuando la realidad es la opuesta: la mayoría de reseñistas que conozco buscan lo contrario, separar el grano de la paja, dar palos a quien merece los palos y ensalzar a quien merece ensalce precisamente para que el dinero de los lectores vaya hacia quién, en su opinión y bajo su análisis, más lo merece. 



El caso es que lo conseguí una vez y es suficiente. Es uno de los recuerdos más gratos que conservo de ningún Saló: escribo reseñas porque me da la real gana y un efecto positivo en las ventas es solo un efecto secundario inesperado… pero es muy satisfactorio, precisamente porque ni lo esperaba ni trabajé para ello. 

No obstante, conviene tener algo en perspectiva: Zona Negativa es una web con casi dos décadas de experiencia a sus espaldas, un trabajo colosal que la sostiene día a día, un equipo de denodados colaboradores y que cuenta con miles de visitas al día. Tiene, por lo tanto, una exposición mayúscula. ¿Qué quiero decir con ello? Quiero decir que el poder de una reseña se sustenta en la calidad/credibilidad, el tiempo y la exposición. Si cualquiera de los tres pilares falla (mucha calidad y exposición, pero poco tiempo de presencia en la web; mucho tiempo y calidad pero poca exposición), lo normal es que el efecto de la reseña sobre el mercado sea muy tímido o directamente imperceptible.

En un sector más pequeño, como puede ser la literatura de género en España, un número suficiente de reseñas puede traer consigo no tanto un pico en ventas como un goteo sostenido: un lector se interesa por la obra y después de comprobar que tiene un elevado número de valoraciones positivas de fuentes que considera fiables, se lanza a darle una oportunidad. Lo he notado con El Rey Trasgo: no he tenido constancia de ninguna reseña que suponga un incremento sustancioso y puntual de las ventas. Sin embargo, con el tiempo el libro ha cosechado muchas y muy positivas valoraciones que sí le han permitido mantenerse en liza y que, casi un año después de su publicación, siga vendiendo poco a poco, siga despertando el interés y llamando la atención de los lectores. Las reseñas, por lo tanto, no han supuesto picos de ventas pero sí aquello que considero muchísimo más importante: respaldan la calidad de la obra, mantienen su presencia en Internet y mantienen vivo el fuego. Estoy convencido de que si la hoguera de El Rey Trasgo no se ha apagado un año después de su publicación, sino que sigue brillando tan viva como el primer día, es en gran parte gracias a las reseñas, al boca a boca, a la difusión desinteresada de lectores satisfechos. Ese es, para mí, uno de los efectos más positivos de las reseñas: dar vida, entendida como perduración, a los libros.

Detrás de este bombazo hay años de goteo. Hacedme el favor de no olvidarlo.
También encuentro fundamentales las reseñas como autor. Aparquemos el tema comercial, que aunque me interese no es lo que más me importa, y vayamos al creativo: como autor, quieres tener el mayor número de opiniones posibles sobre tu obra. Con el tiempo he aprendido a no dejarme engañar: todos los autores que conozco son sensibles a las críticas. Incluso aquellos que se muestran más impasibles o hasta desdeñosos hacia las valoraciones, con tres cervezas encima o si se lee bien entre líneas, demuestran un interés bien tangible hacia las opiniones de los demás. Comprensible, razonable y esperable, por otra parte: si alguien quiere escribir solo para sí escribe un diario, en vez de meterse en el entramado editorial para lograr una mayor exposición. Yo me incluyo en el grupo de los interesados: me gustan las opiniones constructivas —no podía ser de otro modo—, los análisis, las valoraciones; disfruto como un niño de las interpretaciones de mi trabajo, de los distintos puntos de vista, de cómo entendió tal escena o esta secuencia de diálogo un lector u otro; dónde han identificado posibles agujeros argumentales, dónde hay puntos de mejora, qué tengo que tener en cuenta de cara a la segunda parte. Tengo muy en cuenta las opiniones e incluso he apuntado las observaciones más recurrentes, que me han acompañado en todo momento durante la escritura de la segunda parte.

¿Duele? Más duele no aprender.
Hay quienes opinan que dejarse influencias por opiniones ajenas te alejan de tu propia voz. No podría estar más en desacuerdo. Nadie nace con “su propia voz” perfectamente definida. Se trabaja a base de lecturas, lecturas, más lecturas, escribir, escribir un poco más, escuchar críticas y aprender. Desde mi punto de vista, las opiniones son piedras de afilar: hay que ser muy cazurro para dejar que modifiquen el arma que afilan. No temáis ser sensibles a las críticas, pues vuestra arma seguirá siendo la misma: un hacha, una daga, una espada, un mandoble o un sable… pero estará más afilada. Mis mejores maestros han sido también mis mayores críticos y a ellos debo quién soy y cómo escribo, sin haber sentido en ningún momento que había llegado a perder parte de mi identidad por el camino. Lo diré una vez más: las críticas de editores, lectores, reseñistas y amigos no transformaron mi voz, solo la pulieron. En el mundo literario hay un déficit de piedra de afilar, de palos: aún veo a autores enfadándose con reseñistas que ellos consideran duros y que a mis ojos son más suaves que el papel higiénico de Buckingham Palace. Escuchad las críticas de calidad. Aprenderéis una barbaridad de ellas.

Creo que va siendo hora de cerrar. Ahora suena The Bonny Swans, la tercera parte de mi Santa Trinidad Pelirroja Medieval Canadiense. En resumen: escribid reseñas si os apetece. No busquéis materializar vuestro trabajo en forma de copias de prensa, pues los lectores lo notarán. No aspiréis a ser influyentes: vuestra influencia vendrá con el tiempo, la constancia y la exposición. Divertíos haciéndolo pero sed rigurosos: escribir que algo os ha gustado sin más análisis que el estrictamente personal es una opción perfectamente válida, aunque siempre resultará más interesante para los lectores y autores si vas más allá de eso. El poder de la reseña siempre es inmenso para alguien: para quien disfruta leyéndola, para el autor que aprende de ella, para el comprador potencial, aunque solo sea uno, que decide darle la oportunidad a un escritor.

Las reseñas quizá no sean chorros de gasolina que eleven las llamas al cielo, pero son ramas que mantienen vivo el fuego para que autores como yo podamos seguir contando cuentos en torno a la hoguera. Así que gracias. Seguid así. Hacéis que narrar historias sea más cálido y luminoso.

viernes, 7 de junio de 2013

Lectura conjunta de El Rey Trasgo

Es muy posible que hayas oído hablar del libro. Una reseña. Un comentario en un foro. Un mensaje en una red social. Cosas que despiertan una chispa de curiosidad.

Hasta ahora no te has animado a probar con él. El panorama editorial tiene propuestas interesantísimas y desde los estantes de las librerías, una legión de portadas te tienta con promesas deliciosas.

Pero te seguías acordando de ese libro de los trasgos, la tinta, las lágrimas y la roca, ¿verdad?; esperando, quizá, a que llegue ese momento adecuado de hacerte con él.

Pues bien, ese momento ha llegado.

Alkiio, autora del blog Historia de una Palabra ha creado una iniciativa de las que te hacen actualizar el navegador para asegurarte de que son ciertas. Ha tenido la estupenda idea de crear una lectura conjunta de El Rey Trasgo. Disfruto mucho de las lecturas conjuntas así que si vosotros también, tenéis una oportunidad de oro para adentraros en el mundo del trasgo.

Sea vuestra primera lectura o la segunda -que también vale-, os animo a recorrer junto a este grupo las galerías de los Picos Negros, a contemplar el continente a bordo de la Ciudadela, a perderos en el aroma a madera y papel en una librería de Esidia. Podéis conocer los detalles de la iniciativa haciendo clic aquí o en la imagen, que podéis incorporar a vuestros blogs.


Esperad... No pensaríais que lo iba a dejar aquí, ¿verdad? De eso nada. Desde Kelonia y a título personal queremos tener un detalle con quienes participen. Además de un 5% de descuento automático si compráis el libro a través de la web de Kelonia -indicad vuestra participación en la lectura conjunta en los comentarios-, entre los participantes sortearé tres copias de Las Tierras del Trasgo dedicados por Óscar Pérez. 

¿Cómo funciona? Tú participas. Si la fortuna te elige con su blanco dedo coronado de nácar, eliges la Tierra del Trasgo que más te guste y la recibes en casa. Así de sencillo. Así de bonito.

Y aún quedan tres Tierras por publicar, que estarán en el blog en Julio: Is, Esidia y Thorar. Ya veréis, ya.

Gracias a todos los que participéis y un agradecimiento especial con abrazo incluido para Alkiio por la idea.

miércoles, 5 de junio de 2013

Crónica de la Feria del Libro de Madrid y la Blogger Lit Con... Ah, y la Boda Roja

El viernes quedé con M. Braceli, ganador del Domingo Santos 2012, autor de Orpheus, devorador de mitología clásica; uno de esos tipos con las que dan ganas de apoyar la cabeza sobre las manos y limitarse a escuchar lo que tiene que decir: con comida tailandesa en el estómago y después de charlar sobre los personajes femeninos y sus tristes denominadores comunes en novelas de éxito como Los juegos del hambre, Crepúsculo o 50 sombras de Grey —Manuel tiene un punto de vista la mar de interesante sobre esto; tengo en mente montar un podcast en este blog y ese sería uno de los primeros capítulos—, nos encaminamos a la caseta 300 (Antonio Machado), donde disfrutamos de la inmejorable compañía de sus libreros: hablamos sobre venados, la muerte, Muerte —de Gaiman— y la necesidad de invasiones bárbaras periódicas para renovar el mundo.

Mi amigo Álex Portero sabe qué hay al final de esta carga.
Leo hoy que el género fantástico ha sido el más demandado en la Feria del Libro, con amplia diferencia, y que además es algo que al parecer viene produciéndose desde hace tiempo. Mi percepción está muy sesgada ya que la caseta en la que firmé es de literatura general, no especializada, pero aquí están mis conclusiones basadas en mi limitada experiencia: el lector de literatura fantástica no pasa de los cuarenta, de los treinta y muchos si me apuras, y son los jóvenes quienes se muestran más entusiastas a la hora de adentrarse en ese género. El lector que ya conoce la fantasía y la disfruta viene con una predisposición no evidente, pero que sí se deja intuir, mientras que aún hay un porcentaje nutrido de lectores que no se plantea siquiera acercarse al género. Miran la contraportada para saber de qué va ese libro de la portada con tintas y cuando identifican una serie de palabras clave, lo dejan donde estaban.

Lo cual me lleva a pensar que los niños crecidos al abrigo de los productos —culturales y de consumo— de corte fantástico de los 80 y los 90 ahora se convirtieron en adultos que siguen buscando y consumiendo esos contenidos. Los nacidos en los noventa, por otra parte, se ha criado en una sociedad en la que la fantasía goza de una aceptación mucho mayor, más difusión, más medios, más autores, en la que está más disponible que nunca y se promociona con fuerza. Comparad el número y la recaudación de películas basadas en libros de fantasía o cómics de hace tres décadas con la situación actual. Pues eso. Es algo que comentábamos Antonio Martín Morales y yo en la charla de la Feria de Sevilla, a cargo de Bibliofórum, y en la charla de literatura fantástica de la Blogger Lit Con (luego hablo de ella): el friki de los 80/90 ha dejado de ser un niño para convertirse en un adulto con poder adquisitivo, y junto a la nueva hornada juvenil acostumbrada a leer fantasía, se ha conseguido que la fantasía adquiera una presencia, una entidad, un poderío comercial, si se me permite la expresión, que hace que las editoriales empiecen a tenerla en consideración y surjan iniciativas como Fantascy o haya un boom de sellos que publican género fantástico. El tiempo dirá si se convierten en algo estable o en el síntoma de una moda pasajera.

Pienso que el futuro en este aspecto es todo lo halagüeño que puede ser un sector del panorama editorial: en España hay cantidad y hay calidad, hay autores excelentes que solo necesitan tener el foco sobre ellos para mostrarle a quien quiera detenerse en sus páginas que son capaces de crear, transmitir y emocionar. ¿Se librará la fantasía de su etiqueta de género juvenil? Creo que lo hará, sin duda, y que es cuestión de tiempo. ¿Se libará de ser tachada de género denso, inaccesible? Depende de los autores. ¿Hay mercado de lectores en España para sostener una producción abultada de autores patrios de género fantástico? Tal vez. Quizá sea cuestión de crearlo a golpe de talento y promoción, mucha promoción. La alternativa es quedarnos escondidos debajo de una piedra y chuparnos el dedo mientras nos lamentamos de lo mal que va todo. Y no sé vosotros, pero yo odio el sabor de mi propio pulgar. Así que vamos a ver qué sucede ahí fuera.

Al día siguiente me reuní con el señor Braceli, Iria Parente, Bárbara Hernández y Juan Díaz —colgaré sus fotos, que merecen posts enteros, más adelante— para asistir a la Blogger Lit Con. Os cuento.

Dedicando ejemplares de El Rey Trasgo
durante la Blogger Lit Con.
En primer lugar, se trata de una convocatoria que no gira en torno o está financiada por actividad comercial alguna, que no tiene más respaldo que el de las personas que la organizan y siguen, además de las editoriales que deciden apoyar el evento con ejemplares gratuitos —no dejéis de hacerlo nunca, por favor—, una iniciativa que solo parte del deseo de compartir una afición sin que nadie se lleve un duro, y que coge y reúne a más de 250 personas. Y no para colocarle una bufanda deportiva a una estatua, sino para hablar de libros. De libros. En la España del S.XXI: la España del Gran Hermano, de la emigración —o el balance migratorio positivo inverso por afán de ver mundo, o como se diga ahora—, de los recortes en cosas que estorban, como cultura, educación e investigación para dedicar ese dinero a financiarle las cervezas a la casta. En esa España negra, injusta, cazurra, amarga, eterna, ensañada con los jóvenes y los débiles, son precisamente esos jóvenes los que se reúnen en un enorme grupo para reír juntos, leer juntos, compartir experiencias, sensaciones, recuerdos, para engalanar sus libros con recuerdos de tinta, para hablar. De libros. En la España del S.XXI. Si no crees que eso es la definición de “maravilloso”, apártate de mi vista. Esos jóvenes, los que han leído, los que se han asomado a más mundos, los que han alimentado sus inquietudes y su curiosidad con letras, serán sobre quienes en un futuro recaiga la posibilidad de hacer de esta una sociedad un poquito más justa. Si es que para entonces aún les quedan ganas de enderezar este garbanzal, claro. Si para entonces no se han largado todos, haciendo cortes de manga desde el avión.

Dicho lo cual, entre una atmósfera positiva, optimista y enérgica, participé en el encuentro de autores de Kelonia junto a Bárbara, Manuel, Sergio Alarte y Juan Torregrosa, autor del próximo lanzamiento de la editorial, la novela de ciencia ficción “Ocaso en Shangai”. Hablé, cómo no, de trasgos, de tintas, de la segunda parte de la novela, de los títulos de la pentalogía —sí, finalmente es una pentalogía, sí, daré los títulos... más adelante— y de por qué creo que los autores somos cavernas de eco, con sus propios sonidos, sí, pero cuya principal aportación es devolver modificado aquello que nos llega, devolver las palabras que nos visitan con nuestra propia voz. Después, Bárbara nos regaló a todos el privilegio de dedicar ejemplares de Pétalos de Papel y El Rey Trasgo con acuarelas. Cada vez que sostenía uno de sus pinceles, se formaba un corrillo alrededor. A veces solo deseas que las personas que te rodean sean plenamente conscientes de su enorme valía.

M. Braceli, el rey de los trasgos, Bárbara Hernández, Sergio R. Alarte, Juan Torregrosa
Tenía muchas ganas de hablar con José Antonio Cotrina y Antonio Martín Morales de fantasía: ambos son unos monstruos, con la pluma —o el teclado— y con el micrófono, así que mis expectativas eran altas. Y quedaron cubiertas, vaya si lo quedaron. Hablamos de por qué han de morir nuestros personajes, de escribir sobre las vicisitudes del ser humano en un mundo de fantasía (los reinos, las criaturas y las armaduras son atrezzo, lo que interesa realmente es indagar en la naturaleza humana, dije, o algo así), de las fuentes de inspiración de cada uno de nosotros —libros, por supuesto, pero también cómics, series o películas—, del prometedor futuro de la fantasía —los tres estábamos de acuerdo en que la cosa pinta todo lo bien que puede pintar— y de nuestros respectivos trabajos. Una charla en la que la participación del multitudinario público fue imprescindible: cada vez disfruto más respondiendo preguntas en vez de hablando por mi cuenta. Que no os sorprenda si mi próxima presentación consiste en “hola, me llamo Alberto, he escrito un libro de fantasía con tintes oscuros y trasgos que sabe a lágrimas, sangre y roca, ¿preguntas?”. No, en serio. Que no os sorprenda.

José Antonio Cotrina, Antonio Martín Morales, un término medio entre bárbaro y caballero
El día siguiente, Anabel Botella y Laia Soler hablaron de sus novelas, sus motivaciones, la industria, la distribución, los negros literarios y todo lo que hay entre medias. No conocía a Laia, aunque me pareció que aúna esa mezcla perfecta entre pasión y cabeza que tanto escasea y que tan atractiva encuentro. Anabel es un torrente de personalidad sereno y constante y se puede aprender mucho escuchándole. En suma, la Blogger Lit Con fue un evento fantástico del que guardo un recuerdo excepcional por el ambiente que fue capaz de crear, las oportunidades que me brindó de ponerme en contacto con los lectores y la calidad humana de sus participantes y organizadores.

Oh George, you so crazy.
Bien, y ahora la otra cosa. Juego de Tronos. El episodio noveno de la tercera temporada. La Boda Roja. La misma maldita historia de siempre: ese halo de preeminencia con el que se cubren aquellos aficionados (ocurre en la música, en el cómic, en la literatura, allá donde mires) que, por algún motivo que se me escapa, parecen querer situarse en un estrato superior de fan al de aquellos que solo ven la serie, quienes no tienen tiempo, o ganas, o ninguno de ambos, para leer los libros. Comentarios paternalistas acerca de lo monas que resultan las reacciones de los espectadores, spoilers gratuitos bajo el pretexto de que los libros “salieron hace mucho y ya deberíais de haberlos leído”. Altanería. No es el fin de la civilización occidental y he leído algunos posts francamente divertidos... pero por otra parte, es la constatación de que una parte de los aficionados aún se muestra reacia a que el género se popularice. "Y si se populariza, que queden claro que aún hay clases". ¿Por qué no plantearlo de otro modo?

A veces, merced de la presencia de lo fantástico en la cultura popular, se nos olvida que el género y los aficionados en su conjunto aún son percibidos en algunos sectores como un nicho endogámico, un coto en el que el objetivo no es disfrutar de una afición en común sino coronarse como el mayor experto, el más friki, el que estaba primero, el fan original. No creo que esto funcione en base a quién llegó primero, quién tiene más trienios, quién es el alfa y quién el beta. Esto, opino, va de disfrutar todos juntos de las mismas historias, de compartir emociones, de ver a la gente que alucina con la Boda Roja de la serie con alegría, no con condescendencia o peor aún, con un sutil toque de altivez. Tendríamos que estar dando palmas por el hecho de que haya tanta gente que se ha lanzado a la serie sin haber leído los libros: eso significa que el gran público se atreve a dar el salto cuando hay medios y promoción suficientes. Si la serie solo la viesen los lectores, eso sí sería un fracaso sonado: significaría que la fantasía es, como afirmaban los más férreos detractores, un nicho, una caverna que se alimenta de sí misma, un género que solo puede interesar a un tipo muy concreto de aficionado. Un producto para frikis. Y aunque fuese un éxito comercial, creo que eso supondría una derrota para el género fantástico y sus posibilidades.

La próxima ocasión en la que veáis a alguien flipar con un episodio de Juego de Tronos, en vez de colgarse la medalla de veterano y recomendarles leer libros con el tono del viejo profesor de Lengua y Literatura,  ¿por qué no celebrar el simple hecho de que estén inflando la cuota de pantalla de una serie de contenido fantástico basada en un libro? Y si queréis animarles a leer los libros... bueno, solo quiero decir que quizá haya otra aproximación, otro enfoque a tan sano objetivo, que no implique arruinarles el episodio de una serie.

Alejémonos de la endogamia, anda, que ya sabemos a qué conduce eso.

¡Quemadlos a todos! ¡Bisoños! ¡Impuros! ¡Mainstream!
¡Yo leí los libros! ¡Yo estaba primero! ¡Yo soy especial!
¡YO SOY ESPECIAL Y VOSOTROS NO!

martes, 21 de mayo de 2013

Descargar El Rey Trasgo gratis

¡Hola! Probablemente hayas llegado aquí a través de un enlace esperando un artículo sobre piratería o buscando cómo descargar mi libro gratis desde Internet. Te sorprendería la de gente que llega al blog buscando esas palabras. "Descargar El Rey Trasgo epub gratis", "El Rey Trasgo descarga directa", "El Rey Trasgo gratis"... Cada mes hay unas cuantas así. Sí, estoy citando esas palabras para que aparezcan en los primeros puestos de las búsquedas de Google. Ey, el buscador no es ni amigo ni enemigo: es una herramienta.

Bueno, ya que estás aquí, ¿te apetece escucharme? No será más que un par de minutos.

Gracias.

No voy a criticar que busques contenido gratuito, no voy a divagar sobre los derechos del consumidor con respecto al acceso a la cultura (sea El Rey Trasgo cultura o no) o a hablar de la mentalidad del "todo gratis". Doctores tiene la iglesia que disertarán sobre ello con más propiedad. No te voy a tildar de nada. Hablar de ética, propiedad y mercado, en el momento en que escribo estas palabras, no me apetece un carajo. Voy a proponerte alternativas.

¿Andas tras El Rey Trasgo, te ha despertado curiosidad? Si aún te estás decidiendo, mira lo que dicen las reseñas o échale un vistazo al adelanto. Si buscas El Rey Trasgo a un precio asequible, pásate por la sección dónde comprar El Rey Trasgo. En digital vale tres euros con sesenta. ¡Tres euros con sesenta! Otras casas tienen sus ebooks a catorce euros, medida que respeto mucho pero que no comparto en absoluto, porque nos gustan los ebooks bonitos y accesibles. ¿A que no nos equivocamos al hacerlo así?

No tiene DRM porque no nos asusta que se lo prestes a un amigo. Lo que nos disgusta, a la editorial, a mí y a muchos, es que un individuo al que la literatura le importa entre cero y nada arramble con un lote de 500 ebooks y los cuelgue en un portal de descargas a cambio del dinero por publicidad que se lleva el portal.

¿Sabes a quién ayudan las descargas, y mucho? Ayudan a ese tío que gana dinero cogiendo contenidos de pago y vendiéndolos a portales de descargas. Emilio Bueso habló de ello en un foro que no recuerdo, con acierto: si encuentras un libro en Internet, lo más seguro es que no provenga de un lector satisfecho que quiere darlo a conocer al mundo, sino de uno de estos simpáticos personajes que se ganan las perras con trabajo ajeno. En El Rey Trasgo han colaborado revisores, ilustradores, editores y yo mismo. ¿Te animas a respaldar nuestro trabajo con tu compra?

Claro que quizá te interese la versión física. Cuesta como dos copas de fin de semana. Y El Rey Trasgo te gustará más, te durará más tiempo, podrás volverlo a leer dentro de años -cuando quieras rememorar aquel libro tan raro con trasgos y la portada de tinta- y te provocará, como mínimo, la misma euforia, el mismo vértigo, la misma embriaguez.

Espera, ¿qué asoma por el horizonte? ¡Es mi argumento sobre piratería favorito, la reductio ad Gaiman! Ya sabéis cómo funciona: "¡ey, Gaiman dijo que la piratería le beneficiaba!, ¡si a otros autores no les beneficia es porque no se lo saben montar!". Algún día hablaré de ella largo y tendido, explicando lo que a mis ojos son diferencias insalvables entre Neil Gaiman y el autor español de género. Hoy solo diré una cosa: Gaiman dice cosas muy interesantes en ese vídeo y es de idiotas no prestar atención a lo que dice. Pero extrapolar su caso a todos los autores y editoriales; reducir el debate sobre piratería y en qué medida afecta a las distintas capas de la creación de contenidos a cuatro minutos de vídeo, me parece simplista y un punto  irresponsable.

Si después de todo aún quieres descargar El Rey Trasgo gratis (¡posicionamiento en Google!), ¡me temo que ya no hay nada que pueda decir! Pero ya que estamos, hazme un favor. Uno pequeño. Cuando lo termines, ponle una nota en Amazon. O valóralo en GoodReads. Habla de él en tu foro favorito o  comparte tus impresiones en las redes sociales. Dime qué te ha parecido en mi cuenta Twitter. O dile a un amigo que cada día que pasa sin leerlo es un día perdido. Haz que otros lectores disfruten, se asusten y gocen tanto como tú. Sé banderizo del trasgo y que crezca la curiosidad bajo tu estandarte.

Gracias por tu tiempo. ¿Ves cómo solo eran un par de minutos?

jueves, 16 de mayo de 2013

Las tierras del trasgo: Othramaras

Othramaras, por Óscar Pérez. Clic para ampliar.

No entres, chiquillo, en el bosque,
con el arrojo que en cuentos leíste.
No creas conocer el camino.
No creas que el sol te protege.

No vayas tras las mentiras,
que la arboleda te ofrece,
no intentes burlar un destino,
que a las hadas pertenece.

No te fíes de los halagos de ninfa,
ni de los augurios de espectros.
Desconfía del cuchicheo del trasgo,
de las dulces promesas del duende.

No escuches a sus habitantes, niño:
manipulan, inventan, mienten.
Y bajo sus sonrisas esconden
afiladas hileras de dientes.

No entres, chiquillo, en el bosque,
con el valor que en leyendas escuchaste.
No sabremos dónde has ido.
No podremos encontrarte.

lunes, 13 de mayo de 2013

Cosas que aprendí -o que sospechaba y confirmé- en la Feria del Libro de Sevilla

Sevilla es una ciudad preciosa. Y calurosa. Y si se te cae la cartera, te lo indican educadamente en vez de llevársela. Y no han visto a un hombre con kilt en su vida. En Cádiz tampoco. En cualquier caso, no sé si Sevilla tiene un color especial, pero tiene muy buena gente y un ambiente espléndido.

Hay tres reacciones generales por parte del público cuando dices que escribes fantasía:
  • Comentar lo buen regalo que será para sus hijos/sobrinos/nietos. La fantasía aún se percibe por buena parte de los asistentes como un género juvenil. Es algo de lo que hablamos Antonio Martín Morales y yo durante la charla sobre literatura fantástica a cargo de Bibliofórum: la percepción que se tiene sobre el género fantástico y sus lectores está cambiando de forma paulatina pero notable. Hace un par de décadas, la fantasía era percibida como un subgénero, un subproducto cultural, un artículo de consumo ligero para lectores poco exigentes, no era "auténtica literatura". Yo he oído decir "a ver cuándo empiezas a leer libros de verdad" cuando ya tenía a mis espaldas el Silmarillion. A día de hoy aún existe la poco fundamentada e irreal impresión de que la fantasía es un género fundamentalmente juvenil; no obstante, sí percibo que la imagen que se tiene de ella como género ha cambiado. Ahora es una opción. Una alternativa. Ahora tiene un sitio en el imaginario colectivo; un sitio que, al fin, no tiene que compartir con las escobas y los artículos de limpieza. Es por ello por lo que siento un gran respeto hacia autores como George R. R. Martin, que han ayudado a llevar la fantasía a nuevas cotas de popularidad y le han quitado de encima la imagen de "historias para chavales". Aunque ahora no lo percibamos, en un años miraremos atrás y diremos: "nombres como este hicieron que fantasía se empezase a escribir con mayúsculas". Al tiempo.
Ojito con qué regalas al sobrino. No solo por la violencia,
sino por la complejidad narrativa, el lenguaje, la trama...
  • Interés. Sí, he dicho "interés" no "absoluto interés". A menos que seas un gran nombre, nadie va a ir corriendo a que le firmes su ejemplar. Se acercarán, ojearán, se marcharán, puede que vuelvan o puede que no. No he estado en muchas casetas, así que no se os ocurra tomar mi experiencia como algo más que las vivencias de un autor novel que quiere compartir con vosotros lo que va aprendiendo por el camino. En cualquier caso, esto sí os puedo decir: cuando estás en frío, sentado, viendo la gente pasar, hay que identificar esa pequeña chispa de interés, esa minúscula llamita, y tratar de avivarla. Hay autores que son capaces de despertar esa chispa por ellos mismos y no tengo palabras para expresar mi admiración hacia ellos. Pero cuando digo "avivar la llama" no digo "abrumarla". Sopla demasiado fuerte y se apagará. Sopla demasiado suave y no conseguirás nada. No intentes vender un libro: intenta vender una idea, una experiencia. ¿Difícil? Nos ha jodido. Nadie dijo que fuese fácil. Pero precisamente porque es un reto, es una tarea fascinante. 
  • Desinterés. He visto cosas que no creeríais. He visto lectoras retroceder sin dejar de mirarme después de identificarme como autor de género fantástico. He visto miradas de confusión absoluta, como si hablase en un dialecto muerto hace siglos, pese a utilizar una palabra tan castellana como "fantasía". El interés que pudiese despertar tu portada se pierde como lágrimas en la lluvia. Es hora de asumir que lo que tu escribes, por muy bien escrito que esté, no despierta la menor curiosidad. Y la verdad, tampoco pasa nada. No esperabas gustar a todo el mundo, ¿verdad? Hablando de la cual: gracias a Bárbara Hernández por la portada del trasgo y su irresistible poder de atracción. Y gracias a Constantino Romero, que marchó a Valhalla ayer. Otro motivo para llevar a cabo grandes gestas: poder escuchar relatos heroicos con su voz, entre interminables cantidades de cerveza y jabalí.
"Pues debió haberse armado cuando decidió decorar su salón con mi amigo."
Escalofríos.

La cola para que firme libros un dietista -profesión tan honrosa como cualquier otra, ojo- excede, por mucho, por muchísimo, a la de un escritor. La cola más larga de un escritor, por lo menos que yo llegase a ver, fue la de Javier Sierra, que tenía un nutrido grupo esperando. También estaba Julio Anguita, que no llegó a tener mucho público, no al menos cuando pasé ante su caseta, porque ya no es un personaje de actualidad. Sin embargo, el equipo de "El método de la báscula" -parece que es algo enmarcado en un programa de la televisión local, por lo que he visto- tenía tal cola que tenía que dividirse mediante vallas y aún así pasaba por delante de dos casetas. El poder de la televisión, amigos. Llega a estar Jorge Javier Vázquez y el evento se hubiese llamado "Feria del Libro de Sevilla y alrededores" por el tamaño de la cola. ¿Puede llegar a molestar, a irritar que tus esfuerzos literarios no encuentren la recompensa que esperabas? Hace poco hablé acerca de ello, de qué escribes y para quién, y los resultados que cosechas por ello. ¿Quieres vender libros? Sal por la tele.

Hablando de lo cual, despiertas más interés por tu libro hablando sobre otras obras, o sobre otros autores, o sobre otros temas, que cuando hablas sobre el tuyo. Este punto es importante. No hables de lo maravilloso que eres, de tu ombligo, de lo bien que escribes -por favor, en serio, no-: demuestra que tienes algo en la puñetera cabeza. Que tienes cosas interesantes que decir, que en ti bulle la curiosidad, que eres apasionado, que tienes cierta idea de lo que hablas, que eres honesto con lo que sabes y con lo que ignoras, que tienes la capacidad de sorprender, ya sea con una observación afilada, con una broma en el momento oportuno -ni antes ni después- o con una idea. La charla de Bibliofórum me puso en contacto con personas que podían estar interesadas en El Rey Trasgo -no lo estaban entonces, pero tenían el potencial de estarlo- y me dio un espacio y un micrófono para hacerles reflexionar, pensar o entretenerse durante una hora.
Suscitar interés sobre algo, sin pretenderlo, hablando indirectamente de ello.
No es la primera vez que me pasa.

¿Qué supone tener un micrófono delante? Es una oportunidad. Nada más. No es una garantía ni -como a veces parece- un favor que le estés haciendo a la organización, o al público, o al mundo. Es una oportunidad. ¿De qué? De cautivar. No necesariamente sobre tu obra. No, de cautivar con ideas. Sobre literatura, sobre la naturaleza humana, sobre historia, sobre sentimientos. Escribe de lo que sabes, habla de lo que sabes, y hazlo con pasión. Y si el lector percibe que parte de esas ideas están plasmadas en tu libro, puede que se interese por él. "Puede", "potencial", "posibilidad". Escribes sobre un género minoritario en un país quebrado, amigo. No hay nada seguro. No hay certezas, hay oportunidades. Tienes una hora por delante y un micrófono: aprovecha esa oportunidad. Sácale todo el partido. Haz soñar a los asistentes y quizá, solo quizás, estarán dispuestos a pagarte para que sigas haciéndoles soñar cuando ya te hayas marchado de la ciudad.

Y solo me queda dar las gracias. A Elena, por llevarnos, por ser un sol y por tomar nota de mis horribles frases de corte erótico-festivo para su próxima novela. A María, por ser todo un descubrimiento, su excelente conversación y sus Historias Médicas para No Dormir. A Jesús, al que deseo la mejor de las suertes en todo cuanto está emprendiendo. A Albo, por no darme un tortazo, por tardón. A Mamen, por ser al mismo tiempo brújula y navío. A Laura, por su compañía, por no dejar de sonreír. A Concha, por su apoyo y hacerme sentir entre amigos. A Antonio, por lo fácil que es crear una sinergia con él, por ser un monstruo creativo. A Carmen, por ser fuerte en un mundo que quiere que te rindas. A mi hermana, por acogerme, por estar construyendo su camino con tanta sensatez y cuidado. A todos los nuevos amigos que hice. A los asistentes al evento, comprasen un trasgo o un libro sobre básculas. A todos. Gracias.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Las tierras del trasgo: Aesil

Aesil, por Óscar Pérez. Clic para ampliar.

Fue el sublime […] quien formuló la […] pregunta:
No es la vida sino […] entre infinita oscuridad,
¿A qué estudiar […] la vida […], tanto por saber de esa oscuridad?
[…] La muerte, el regreso […] a las tinieblas.
Durante años meditó en los desiertos de Aesil, habló […] el cielo y la tierra.
Alimentándose de […] y luz y palabras y pensamientos.
Vivió la muerte […], vivió el vacío. […] lágrimas sobre la roca yerma.
Cruzó los umbrales […] centinelas astados de tiempos antiguos ante sus pilares.
[…] sin miedo, deseoso de conocer la oscuridad […] la inocencia de un niño.
[…]
En sueños vio que la oscuridad no era completa, sino […] el cielo estrellado.
Luces distantes […]. Los muertos.
Allí aprendió palabras más poderosas que la magia, más que la adivinación.
Pronunciarlas le condenó. Aprendió que la muerte […]
[…]
Los mismos dioses pueden morir. Por eso piden nuestro favor […]
Ofrecen vida, poder […] Cuando mueren […] mueren también los dioses.
En la gran ciudad de Niva se quemó el templo con sus sacerdotes.
Hasta Raspeth llegaron los aullidos […], las rojas colinas de Gad.
[…] sangre de sacerdotisas y eunucos. Y el dios […] gritó con ellos.
Ardieron los tomos, los pergaminos, en la gran ciudad de Niva […]
“Mira, extranjero, las llamas lamiendo sus muros centenarios.”
“Mira cómo muere un dios.”
[…]
La sangre que fluye por el mundo […], que teje todas las cosas.
[…]
Del mismo modo que puede morir lo mortal, lo mortal […] eternamente.
[…] bálsamos y palabras, palabras de poder. […] los cuerpos.
Desoíd [...] que buscáis. 
Las palabras vacías de la nigromancia; no puede ser vida lo que no es sino servidumbre.
Las promesas vacías de la momificación; no puede ser vida lo que no es sino postración.
La [...] de la consciencia; no puede ser vida lo que [...] contemplación.
Nadar fuera de la oscuridad, como nadar fuera del caudaloso […]
Y regresar […]
[...]
Así habló el sublime […]
Así ha de ser.

Extracto de las tablas de Aesil.
Uno de los textos escritos más antiguos del continente, grabado en arcilla.
Los fragmentos que completarían el texto se han perdido para siempre.