¡Hola! Probablemente hayas llegado aquí a través de un enlace esperando un artículo sobre piratería o buscando cómo descargar mi libro gratis desde Internet. Te sorprendería la de gente que llega al blog buscando esas palabras. "Descargar El Rey Trasgo epub gratis", "El Rey Trasgo descarga directa", "El Rey Trasgo gratis"... Cada mes hay unas cuantas así. Sí, estoy citando esas palabras para que aparezcan en los primeros puestos de las búsquedas de Google. Ey, el buscador no es ni amigo ni enemigo: es una herramienta.
Bueno, ya que estás aquí, ¿te apetece escucharme? No será más que un par de minutos.
Gracias.
No voy a criticar que busques contenido gratuito, no voy a divagar sobre los derechos del consumidor con respecto al acceso a la cultura (sea El Rey Trasgo cultura o no) o a hablar de la mentalidad del "todo gratis". Doctores tiene la iglesia que disertarán sobre ello con más propiedad. No te voy a tildar de nada. Hablar de ética, propiedad y mercado, en el momento en que escribo estas palabras, no me apetece un carajo. Voy a proponerte alternativas.
¿Andas tras El Rey Trasgo, te ha despertado curiosidad? Si aún te estás decidiendo,
mira lo que dicen las reseñas o
échale un vistazo al adelanto. Si buscas El Rey Trasgo a un precio asequible, pásate por la sección
dónde comprar El Rey Trasgo. En digital vale tres euros con sesenta. ¡Tres euros con sesenta! Otras casas tienen sus
ebooks a catorce euros, medida que respeto mucho pero que no comparto en absoluto, porque nos gustan los
ebooks bonitos y accesibles. ¿A que no nos equivocamos al hacerlo así?
No tiene DRM porque no nos asusta que se lo prestes a un amigo. Lo que nos disgusta, a la editorial, a mí y a muchos, es que un individuo al que la literatura le importa entre cero y nada arramble con un lote de 500
ebooks y los cuelgue en un portal de descargas a cambio del dinero por publicidad que se lleva el portal.
¿Sabes a quién ayudan las descargas, y mucho? Ayudan a ese tío que gana dinero cogiendo contenidos de pago y vendiéndolos a portales de descargas. Emilio Bueso habló de ello en un foro que no recuerdo, con acierto: si encuentras un libro en Internet, lo más seguro es que no provenga de un lector satisfecho que quiere darlo a conocer al mundo, sino de uno de estos simpáticos personajes que se ganan las perras con trabajo ajeno. En El Rey Trasgo han colaborado revisores, ilustradores, editores y yo mismo. ¿Te animas a respaldar nuestro trabajo con tu compra?
Claro que quizá te interese
la versión física. Cuesta como dos copas de fin de semana. Y
El Rey Trasgo te gustará más, te durará más tiempo, podrás volverlo a leer dentro de años -cuando quieras rememorar aquel libro tan raro con trasgos y la portada de tinta- y te provocará, como mínimo, la misma euforia, el mismo vértigo, la misma embriaguez.
Espera, ¿qué asoma por el horizonte? ¡Es mi argumento sobre piratería favorito, la
reductio ad Gaiman! Ya sabéis cómo funciona: "¡ey,
Gaiman dijo que la piratería le beneficiaba!, ¡si a otros autores no les beneficia es porque no se lo saben montar!". Algún día hablaré de ella largo y tendido, explicando lo que a mis ojos son diferencias insalvables entre Neil Gaiman y el autor español de género. Hoy solo diré una cosa: Gaiman dice cosas muy interesantes en ese vídeo y es de idiotas no prestar atención a lo que dice. Pero extrapolar su caso a todos los autores y editoriales; reducir el debate sobre piratería y en qué medida afecta a las distintas capas de la creación de contenidos a cuatro minutos de vídeo, me parece simplista y un punto irresponsable.
Si después de todo aún quieres descargar El Rey Trasgo gratis (¡posicionamiento en Google!), ¡me temo que ya no hay nada que pueda decir! Pero ya que estamos, hazme un favor. Uno pequeño. Cuando lo termines,
ponle una nota en Amazon. O valóralo en
GoodReads. Habla de él en tu foro favorito o comparte tus impresiones en las redes sociales. Dime qué te ha parecido en
mi cuenta Twitter. O dile a un amigo que cada día que pasa sin leerlo es un día perdido. Haz que otros lectores disfruten, se asusten y gocen tanto como tú. Sé banderizo del trasgo y que crezca la curiosidad bajo tu estandarte.
Gracias por tu tiempo. ¿Ves cómo solo eran un par de minutos?