sábado, 16 de marzo de 2013

Las tierras del trasgo: Qoria


Qoria, de Óscar Pérez. Clic para ampliar

Lauka recordaba bien el día que Padre le explicó por qué siempre pasarían hambre.

—¿Sabes por qué Qoria tiene tantas islas, tantas que no se pueden contar?

Respondió lo único que podía contestar un niño de ocho inviernos.

—Hace años, muchísimos, cuando el abuelo del abuelo de tu abuelo aún no había nacido de la noche a la que un día regresaremos, los qorios olvidaron a sus dioses: dioses antiguos, que gobernaban las mareas y hacían caer el trueno del cielo.

»Por aquel entonces Qoria era muy distinta: en los bosques había caza abundante, jabalíes tan grandes que solo los hombres más valientes podían abatirlos, pero que saciaban de carne a una familia por dos semanas; también venados de astas que parecían desafiar a las ramas de los árboles, majestuosos, barbados como los hombres sabios. Los mensajeros del rey cabalgaban por las planicies para llevar su voluntad a cualquier rincón. Por los ríos navegaban nuestros barcos, que llevaban pieles curtidas a otras naciones y traían manjares del continente.

»Pero todo eso cambió cuando a Qoria llegaron dioses nuevos. Vinieron en las bocas de marinos procedentes de Kara, en los corazones renovados de peregrinos, en los relatos de mercaderes mientras vendían sus telas. Nombres nuevos que no pedían sangre sino palabras; que no necesitaban sacrificios sino devoción. Se extendieron como el musgo por una piedra. En menos de una generación los dioses antiguos agonizaban, pero uno de ellos aún tenía fuerzas para demostrar a los qorios que los dioses no se toman a bien ser desterrados al olvido.

Padre se detuvo un instante antes de continuar. Puso los ojos en blanco un instante y luego le miró muy fijamente, abrazándole con una mirada llena de compasión.

—Dhanor, dios del martillo, asió el arma que utilizará cuando llegue el fin de los días y golpeó a Qoria con ella, como golpea el herrero un hierro que empieza a torcerse. La tierra chilló y se abrió. La sangre que corre por el mundo manó como ríos de fuego, engulléndolo todo a su paso. Un mar airado vomitó olas y corrió libre por las heridas de la tierra. Cuando los cielos se pudieron volver a atisbar a través de la ceniza, bajo ellos se extendía una nación hecha pedazos. Qoria había dejado de ser un lugar acogedor donde se encontraban el verde y el azul: se había transformado en un millar de islas, un reflejo del cielo nocturno.

»Al cataclismo le siguió el caos. Hombres ambiciosos se proclamaron reyes de pequeños archipiélagos e hicieron la guerra entre ellos. Algunos se entregaron a la mar, diciendo que Qoria estaba maldita. Muchos se quedaron, resueltos a aplacar a los dioses antiguos derramando en su nombre toda la sangre que ellos habían reclamado. La tierra dejó de ser generosa: en ella crecen árboles mustios y hierbajos, que sirven de alimento a bestias de tiempos perdidos. También dejó de ser segura, pues nunca se sabe cuándo un señor de la guerra va a poner sus ojos en un islote, por insignificante que sea, para ganar una mínima ventaja en sus luchas de poder.

»Es por ello por lo que nuestra patria tiene fronteras de espuma. Por eso hizo la mar tu abuelo, y su abuelo, y el de este. Por eso la harás tú cuando tengas fuerza para blandir un hacha. Por eso el terror tiene un nombre, y es el de nuestros dioses. ¿Lo has entendido?

Respondió que sí en silencio.

El batir del mar se convirtió en el murmullo de cuya mano caminaba el tiempo. Cuando llegaba la primavera atracaban en una isla pequeña, de playas oscuras y huertos humildes, donde Padre visitaba a una mujer a la que entregaba pescado, carne seca, pieles y abalorios. Lauka esperaba que algún día le llamase Madre, pero nunca ocurrió. Siempre que Padre y la mujer conversaban en una habitación contigua a la suya, Padre le decía que viajase con él, que aquel lugar defendido por media docena de lanzas no era seguro. Ella se negaba. Gritaban; después la mujer lloraba, había un rato de silencio y seguían gritando, aunque de otro modo, hasta quedarse dormidos.

En invierno viajaban al oeste, esquivando las hostiles aguas de Grithar hasta adentrarse en Kara, pues el imperio era grande y no podía defender todas sus costas. Un día muy frío vio matar a Padre por primera vez: el hombre que defendía la playa era un guiñapo escondido detrás de un escudo; Padre pateó la tabla con la que se protegía, arrojándolo al suelo, y hundió su hacha en la arena a través del cráneo. Mientras sus hombres se unían a él en la refriega, volvió la mirada hacia el barco: Lauka tardó en reconocer a Padre en aquella figura hecha de pieles y acero, a cuyos pies temblaba un cuerpo que tardó demasiado en detenerse por completo. Después los hombres se perdieron entre la niebla. Luego llegaron los alaridos.

Pasaron cuatro primaveras. Padre no murió en batalla sino entre fiebres y su cuerpo fue arrojado al mar.

—Ahora tienes que ser un hombre —le dijo uno de los marinos.

Lauka aprendió a pescar y curtir, a coser redes, a navegar, a preguntarle su posición a las estrellas y su destino a los vientos, a defender el barco de los monstruos marinos y a cerrar heridas con aguja e hilo. Aprendió a manejar el hacha y a hacer temible su lanzada, a arrojar una jabalina y recogerla antes de que aterrizase, a romper una formación y a formar parte de un irreductible muro de escudos. Y a honrar a los dioses. Bajaba del barco pronunciando sus nombres, aullaba loas a su gloria mientras quebraba rodelas y cuerpos. Y cuando su propio vástago —hijo de una mujer a la que iba a visitar cada primavera— tuvo suficiente edad y  entendederas le contó la historia de Dhanor, el airado Señor del martillo, que golpeó a Qoria como un herrero golpea al hierro que se tuerce.

Y mientras aquel rostro menudo le contemplaba en silencio, oyendo su historia de dioses y hombres, Lauka sintió un calor que no podían darle las pieles.

jueves, 28 de febrero de 2013

Las tierras del trasgo: Ara


Ara, de Óscar Pérez. Clic para ampliar.

Acertijo arense

¿Qué afila el acero con su toque?
La piedra.
¿Qué hace enloquecer al hombre sin tocarlo?
La mujer.
¿Qué cambia de manos nobles pero no de manos pobres?
La tierra.
¿Qué transforma al pobre en temido?
El poder.

Soy piedra que afila el acero sin tocarlo,
Enloquezco al hombre sin mirarlo,
Hago que cambie de manos la tierra
Y en temido al pobre transformo.
¿Qué soy?

(Arrastra el cursor hasta por la línea inferior para saber la respuesta)
El oro.

miércoles, 30 de enero de 2013

Las tierras del trasgo: Regengrat


Regengrat, por Óscar Pérez. Clic para ampliar

Regengrat se muere.

Se muere porque la idea que la vio nacer recibió el golpe de gracia hace tiempo, dejando tras de sí una nación que se pudre como un cuerpo privado del espíritu que lo movía.

Hubo un tiempo... hace tantos siglos que sus ecos no llegan como voces sino en forma de murmullos tímidos, gotas que con su repicar discreto narran poemas sobre héroes.

Héroes.

Qué palabra tan bella, ¿no es así? Abandona la boca de la mano de un único suspiro, como si estuviese pensada para ser susurrada entre dientes a la vez que se hace acopio de las últimas fuerzas. Y qué evocadora. Hubo un tiempo en el que se me erizaba el vello cuando la pronunciaba con el corazón. Ahora... Ahora me saca una sonrisa nostálgica y una sensación a caballo entre el frío y el calor, como mirar a la mujer amada en el ocaso de la vida.

Los héroes mueren, y Regengrat con ellos.

Hace siglos, el sur del continente era de sus actuales pobladores. ¿Que quiénes los hicieron retirarse hasta las verdes tierras donde aún se refugian? Bueno, pues es una excelente pregunta. ¿Es posible saber qué perros mordieron y cuáles no después de que una jauría dé muerte a un venado? No, ¿verdad?

Lo razonable hubiese sido pedir el socorro de Kara. O imitar las tácticas del enemigo. O abandonar los viejos juramentos que los ataban a una forma de entender el combate a través de duelos entre campeones. Hubiese sido lo razonable... Pero buscar razón aquí, bajo las costillas, es buscar peces en la estepa.

La guerra fue atroz. Se borraron linajes como si sus blasones fuesen de arena. Podrían haber repudiado de sus juramentos en decenas de ocasiones, en cientos, pero no lo hicieron. Estúpidos, testarudos, tercos, antiguos, imbéciles. Malditos sean. Malditos sean...

¿Sabes cómo murió Alric Tamalhain? Abandonó su formación, compuesta por sus compañeros más próximos, y se irguió hacia el enemigo, la carne cubierta de pinturas de guerra y una armadura de plata; el último varón de una saga tan antigua como el continente. Extendió la lanza hacia el comandante enemigo y lo desafió a un combate singular. El enemigo respondió con una andanada de saetas. Las leyendas dicen que hicieron falta tres salvas para abatirlo y que, aún con un soplo de vida, empalado por decenas de astas, llegó a quedar cara a cara frente al comandante enemigo y reunió aliento para proferir sus últimas palabras.

"Dame mi duelo si te atreves". Estaba herido en la garganta, en el rostro, en el pecho. No podía levantar los brazos, siquiera.

Pero solo son leyendas.

Las familias supervivientes se reunieron para hacer un frente común contra sus muchos invasores. Al principio eran doce. Ahora quedan cuatro, si no me falla la memoria, y en una de ellas se rumorea de la reina que es yerma. Todas ellas contemplan los tapices en los que están grabados sus árboles genealógicos, tan extensos que adornan pasillos enteros, mientras se preguntan cuánto tiempo les queda.

No tienen ejércitos, solo levas; no tienen esperanza, solo dolor; no tienen futuro, solo muerte.

Regengrat se muere.

Y yo con ella.
Testamento, autoría desconocida 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Las tierras del trasgo: Corcia


Corcia, por Óscar Pérez. Clic para ampliar.

"Habían cabalgado hasta extenuar a los caballos durante cuatro días, dejando su nación atrás y adentrándose en el reino de Corcia: vecino de Esidia al sur, era una tierra de gloria pasada, de batallas ganadas y guerras perdidas, de ruinas habitadas por leyendas y palacios con columnas de mármol cubiertas de clemátides y jazmines; poblada por campesinos, labriegos, pastores y príncipes tan ociosos como arrogantes envueltos en un ayer recogido en versos que tapaba las vergüenzas de un presente desnudo. Esidia y el resto de reinos fronterizos siempre habían mantenido las distancias con aquella nación triste, eludiendo tanto el conflicto como la alianza, pues si prefería lamerse las heridas y añorar tiempos mejores, ¿quiénes eran ellos para impedirlo? Durante sus días de gloria, Corcia reclamó para sí el oeste del continente, llenando el mar de galeras, hasta que las luchas intestinas terminaron por convertirla en una sombra de lo que fue. Sin embargo, lo más desolador no era el hecho de tener aún fresco el recuerdo de lo que se perdió, sino la absoluta falta de deseo de recuperarlo. Corcia era, a ojos de una buena parte del continente, una nación que reposaba en su lecho de muerte, abandonándose como una dama ebria mientras seductores recuerdos la hacían sonreír de forma bobalicona."

Fragmento de El Rey Trasgo, la Ciudadela y la Montaña

martes, 18 de diciembre de 2012

Batería de novedades

Hay un buen puñado de buenas noticias, así que vamos a ello.

Kelonia Editorial ha lanzado una serie de jugosas ofertas para las fiestas de navidad que os recomiendo estudiar, porque hay opciones muy interesantes. Si andáis detrás de El Rey Trasgo, tenéis la oportunidad de haceros con él en los siguientes packs:
  • ERT + Butterfly (esta última la puedes pedir firmada) por 19€.
  • ERT + El letargo del pájaro de fuego por 26,95€.
  • ERT + Orpheus, ganadora del premio Domingo Santos 2012, por 24,95€.
Podéis acceder al listado completo AQUÍ

Más cosas: Bárbara Hernández -portadista de la novela- tuvo el detalle de dibujar esta maravillosa Naié con acuarelas y tinta. El resultado es espectacular y no puedo sino agradecerle el enorme cariño que ha impreso en este trabajo. Las sombras y la llama de la antorcha son cautivadoras, pero es la mirada la que atrapa: temerosa pero determinada, asustada pero curiosa. Captó la esencia del personaje cuando lo leyó y lo ha vuelto a hacer con esta ilustración. Gracias, Bárbara.

Naié, por Bárbara Hernández. Clic para ampliar.

El Rey Trasgo es una de las recomendaciones de la web FantasyMundo, que ha elaborado un ecléctico listado en el que cabe de todo: desde la fantasía hasta la novela histórica, desde gigantes como Eco, Dick o Pratchet a autores que despuntan con paso firme como Claudio Cerdán y Juande Garduño, pasando por escritores de la talla de Posterguillo, Palma, Negrete y Sisí, que llevan bien alto y con gran éxito el pabellón de los autores españoles. Que el trasgo se cuente entre recomendaciones de semejante calibre me honra. Podéis acceder a él haciendo click AQUÍ o en el símbolo de la web al final del párrafo. Seguro que encontrareis algo de vuestro gusto. 

Dos webs de reseñas más han dedicado sendos análisis a El Rey Trasgo: El Rincón de Koreander (que pronto publicará una entrevista, terminada de responder hoy mismo) y Donde Acaba el Infinito. El autor de este último blog ha presentado su reseña como candidata a los premios Libros y Literatura 2012, así que ya estáis tardando en votarle. Y así, poco a poco, ya son veinte las reseñas sobre el libro. ¿Qué puedo decir que no haya dicho ya? Gracias por hacerlo posible.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Las tierras del trasgo: Grithar


Grithar, por Óscar Pérez. Clic para ampliar.

Durante la travesía gustaba de salir a cubierta, cuando el tiempo le permitía aquel lujo. Lejos, muy lejos, titilaban las luces ambarinas de los faros.

Cuando partió, el navío bañado de alba recibió las caricias del mar con vaivenes tímidos, dejándose lisonjear por sus lametazos. Pero al paso del día, como un amante que ardiese con cada nuevo roce y excitado por la luna temprana, el mar arrojaba furiosos envites, besos de espuma que amenazaban con arrastrar el barco en un abrazo que duraría toda la eternidad. Los truenos y las gotas de lluvia redoblaban sus tambores y barriles, dando música al romance. Dentro de la embarcación, silencio.

Adrik apretó contra el pecho a su hermano pequeño, que se había quedado dormido de tanto escuchar los latidos serenos allí encerrados. Madre, con la sonrisa empapada de sudor, le había llamado Dalen antes de que la vida le abandonase por el cordón umbilical; "Promesa" en la lengua de su tierra. Una promesa para Adrik: abandonar Qoria, donde la única elección para un muchacho era entre el hambre y la muerte, poner rumbo al sur a través de Grithar y no mirar atrás.

Había tardado años en reunir el dinero: segó campos, vendió pieles, limpió cuadras. Cuando le pidieron matar, lo hizo con las manos frías y musitó disculpas entre lloros mientras la sangre se le secaba bajo las uñas. Pero lo había conseguido. A cambio de tres onzas de oro, dos de plata y una de cobre, como era tradición, un mercader les dio la bienvenida a bordo de su barco. "Son esclavos", diría una vez en tierra para explicar la compañía de seis hombres, tres mujeres y tres niños, además de la tripulación, "esclavos para el continente, que los fuertes brazos del norte son tan apreciados como las especias del sur".

Al cuarto día tocaron tierra. Adrik y Dalen escucharon las instrucciones del mercader mientras sentían timbales en cada nervio de sus cuerpos: abandonarían el barco solo cuando él se lo indicase, con las manos atadas y la cabeza gacha. Simular flaqueza no les sería difícil, ya que apenas habían probado el pan durante el viaje, aunque Adrik pensó que quizá le costase contener la sonrisa. Cuando el comerciante se hubo marchado, miró a su hermano.

—¿Estás listo?

Y aquella cabeza, todo ojos y sonrisa apretada, asintió rápido.

Cuando el portón descendió, apenas entró luz. Una cortina de agua se desvió de la cascada que caía del cielo y se estrelló contra ellos como un enjambre. El aire era frío y salino, pero traía promesas en sus húmedas caricias. Más allá del umbral se extendía la negrura de una playa coronada por acantilados, tintada por el fuego de los faros.

Los hombres que rodeaban el barco eran tan siniestros como las tierras que guarecían: ballesteros tocados por capuchas de pico mantenían las armas listas desde los riscos y guerreros de largas melenas cruzaban las lanzas sobre el emblema del cangrejo que vestía sus pechos. En medio, situado ante la abertura que daba acceso al interior del barco, uno de los legendarios guardias de coral. Quizá fuese la capa, la armadura de escamas o el modo en el que resistía estoico los enviones de la tormenta, pero había algo fascinante en su presencia. Adrik tardó en comprobar que los ojos del centinela eran dos enormes cuentas oscuras y cuando lo hizo, se estremeció.

—Fuera del barco —ordenó uno de los guerreros. Obedecieron despacio y cuando el primer cuerpo hubo hundido los pies en la arena, los ballesteros apuntaron al unísono. El miedo interrumpió la marcha de la fila pero Adrik, que la encabezaba, apretó los dientes y avanzó mientras ríos dulces de lluvia se precipitaban por sus facciones. No pasó mucho tiempo hasta que los doce cuerpos maniatados quedaron a la intemperie. Dos hombres de Grithar entraron en la nave y comprobaron que no quedaba nadie. Cerraron la entrada.

Adrik miró hacia atrás para encontrar su mirada con la de Dalen. Lejos, en el mar, una bestia cornuda escupía al cielo con su propia llovizna, como si arrojase un desafío.

—De rodillas —dijo el guardia de coral. Adrik pensó que les robarían las pertenencias, pero no le importaba. Entraría desnudo en Grithar si hacía falta. Ya quedaba poco.

Se disponía a obedecer cuando vio al mercader descargando arcas con sus hombres al otro lado del navío. Estaba afanado en la tarea mientras comprobaba un pergamino, pero durante un instante iluminado por un relámpago, los rostros del comerciante y el falso esclavo se cruzaron. Y bajo aquellas cejas espesas, Adrik vio lástima.

Uno de los guerreros apuntó hacia los niños e hizo una pregunta silenciosa al guerrero cubierto de escamas. Este se apartó un mechón del rostro y murmuró una única palabra.

—De rodillas, todos —repitió.

Adrik gritó antes de echar a correr hacia su hermano, pero el asta de una lanza se le hundió en la boca del estómago.

—No es personal, muchacho —gruñó una cara surcada de viruelas—. Grithar no puede dar de comer a más bocas que las suyas. No es hogar para el espía, el invasor ni el hambriento.

Hombres ataviados con el cangrejo se situaron tras los viajeros, que se miraban confundidos entre ellos. Los niños solo obedecían cuando notaban las manos ásperas de los guardias sobre los hombros.

—Mantened la fila. De rodillas —dijo el de los ojos negros. Adrik sintió cómo le pateaban las piernas hasta que se dobló. Se resistía, así que el siguiente golpe le sacudió la nuca.

—¡Dalen!, ¡Dalen! —bramó mientras hincaban al pequeño en la tierra negra—. ¡Monstruos!, ¡malnacidos!, ¡solo es un niño! ¡Solo es un niño!

La lanza salió limpia por aquel pecho menudo y nueve años de promesas dieron de beber sangre a la arena.

—¡Dalen! —La garganta no podía contener tanto dolor, que se desbordó por su nariz, por sus ojos, por sus pantalones. Gritó hasta quebrar la voz. No tardó en sentir la punta afilada en la espalda.

Y las gotas de lluvia se mezclaron con sus lágrimas y sus últimas palabras.

martes, 20 de noviembre de 2012

Dedicatoria de Bárbara Hernández

Esta es la impresionante dedicatoria que Bárbara Hernández, portadista de la novela, ha hecho para un amigo. Un trabajo increíble, su dominio de la tinta es algo digno de admirar.


jueves, 25 de octubre de 2012

Trasgo de peluche de Creaciones Alraune

Mi amiga Alraune, modista viguesa y adalid femenina del buen gusto, tuvo el enorme detalle de crear este simpático peluche de un trasgo con motivo de la publicación de la novela. La idea, según me contó, nace de la dedicatoria que hice para mi amigo Jaime, que tanto me ayudó a documentarme acerca de la esgrima antigua: en ella, un muñeco de dibujo realiza un movimiento con una espada de mano y media, sobre un muñeco de trapo y madera que representa a un trasgo.

El simpático trasguete de entrenamiento inspiró a Alraune para dar vida al peluche, que precisamente por ser tan diferente a los trasgos de la novela y más parecido a otras representaciones de criaturas fantásticas (en las que tienen rasgos animales), resulta encantador. Si queréis más fotos, podéis encontrarlas haciendo clic aquí. Os recomiendo encarecidamente que visitéis con frecuencia su blog, Creaciones Alraune, donde cuelga todos sus trabajos: abalorios, ropa a medida, steampunk, de época... He podido ver y tocar el resultado y es espectacular, así que no os lo perdáis.   

lunes, 22 de octubre de 2012

Las tierras del trasgo: Iza


Iza, por Óscar Pérez. Clic para ampliar.

El salón, teñido de bronce por las velas, vibraba con el vuelo de las palabras y el aroma de la carne.

—¡Cuéntanos una de tus historias, Vlad el Viajero! —chilló una voz recién llegada a la madurez desde el fondo de la mesa. Su petición encontró eco en el clamor de los hombres, que golpearon la mesa con los puños para demandar silencio hasta que solo se escuchó el crepitar del fuego bajo los calderos. El rey extendió la mano hacia Vlad el Viajero para cederle la palabra y este se levantó despacio, dejó el tambor con el que gustaba de amenizar las veladas cerca de él y se deslizó los dedos por la barba, como hacía siempre antes de hablar. Cuando hubo terminado de acicalarse cogió el cuerno, bebió largo y alzó la mano libre hacia el techo de la sala.

—Aún hoy me debato al pensar qué fue más difícil, si llegar al corazón de Iza o entender a sus gentes —empezó—. La misma tierra la protege, con muros no de ladrillo sino de montaña: quien quiera adentrarse en ella habrá de ser tan arrojado como el legendario Iksandros o pagar bien, y cuando digo bien quiero decir muy bien, a los guías locales. Y rezar mucho para que no decidan matarte por el camino y quedarse con todo lo que llevas encima. O para no ser emboscado por alguna de las tribus de pastores que moran en las cumbres. Secas, áridas, afiladas, como dentaduras de wyverna puestas a secar al sol, cubiertas por la arena de los años hasta convertirse en picos infranqueables. En verano, el calor hace que tu piel se llene de ampollas; en invierno, la ventisca te la arranca de la carne a jirones.

 —¿Cómo sobreviviste, Vlad el Viajero? —Nadie se hubiese atrevido a sugerir que las peripecias del anciano eran inventadas: por si los recuerdos que traía consigo no bastaban para fulminar el escepticismo, las misivas que recibía la ciudad desde las cuatro esquinas del mundo confirmaba que si en un rincón del continente había seres humanos, estos habían visto a un peregrino de cabellera plateada por sus tierras.

—Pagué a una tribu de la montaña con parte de la plata que llevaba encima. Les dije: «En el interior de la ciudad me espera un amigo, él me dará la otra parte del pago, que será aún más generosa que esta». Así me aseguré de que no me abandonarían a mi suerte. —La estancia rompió en aplausos, encantada por la sagacidad del viajero—. El horizonte no prometía esperanza: solo roca, como olas detenidas en el tiempo. Parecía que en aquella tierra no latía corazón alguno, ya fuese de bestia o de hombre, de animal o de trasgo, así que pregunté sobre el fabuloso ser que mora por los riscos, el leopardo de las nieves.

»Uno de los guías se volvió hacia mí, con su perilla rala y su nariz como un gancho. —Se acercó malencarado a un comensal, que retuvo el bocado entre los carrillos—. "El leopardo es como el rostro de la muerte" —dijo con un elegante siseo, imitando el acento a la perfección—, "si puedes ver sus ojos... significa que ya te ha encontrado". Y volvió la cabeza hacia la ventisca mientras los leopardos afilaban sus uñas en mi imaginación. Por las noches los guías se sentaban en torno al fuego y rezaban, o cantaban, o recitaban, o una mezcla de todo ello, mientras sorbían té. Cuando intentaba hablar con ellos murmuraban algo antes de excusarse, para luego meterse en el catre y esperar sin el menor disimulo que yo hiciese lo mismo. Sé que no me apreciaban, hasta el punto de que cuando llegamos a la ciudad de Saluk levantaron un campamento más allá de sus muros. —Volvió a dirigirse al mismo comensal de antes, que dejó de masticar—. «Si nos engañas, te perseguiremos. Si te perseguimos, te encontraremos. Y si te encontramos, tu sangre dará de beber a nuestros hijos». —Quien le escuchaba tragó entero el bolo de comida, que cayó pesado hasta el estómago.

»Los muros de Saluk son... —Levantó la cabeza con la mirada perdida. Quedó en silencio con el cuello extendido y suspiró despacio—. Son años encerrados en barro cocido, presos en paredes centenarias que han visto nacer y morir naciones a su alrededor. Son testigos que no median palabra con el visitante pero al que, si se acerca mucho, pueden regalarle un sonido que solo ellos atesoran: el latido del tiempo. ¿Podéis oírlo? —Cuando su audiencia contuvo la respiración, golpeó con los dedos el pellejo del tambor, emulando el palpitar de un corazón—. Tan sobrios eran esos muros que cuando vi los leones tallados que custodiaban la entrada, sentí tal reverencia que ante ellos hinqué la rodilla, al borde del llanto, pues supe que así como vieron morir a sus hacedores, nos verán morir a todos los presentes.

»Sin embargo, mayor fue aún mi sorpresa al cruzar las murallas y ver las sencillas joyas que encerraban: en una academia al aire libre, filas de jóvenes escuchaban en silencio al maestro, que les instruía sobre las estrellas... y dejad que os diga una cosa, su toga no era barata. Un palacete flanqueado por torres vigilaba la ciudad desde un alto. Por canales de piedra corría el agua y por sus mercados, el dinero: no eran simples tablones en la calle, sino que el comercio se llevaba a cabo con gran reverencia en una plaza rodeada de columnas blancas.

—¿Era ahí donde estaba tu amigo? —preguntó una voz.

—¿Qué amigo? —contestó el Vlad el Viajero con sorna—. Viajo sin que nadie me espere. Pero tenía que conseguir el dinero, así que al mercado que fui... pues en Iza se vende con facilidad algo que pocas gentes quieren comprar.

—¿Comida? —preguntó una voz.

—¿Vino? —dijo otra.

—Conocimiento —replicó Vlad con cierto orgullo—. Me situé en el centro de la plaza, dejé mis pertrechos en el suelo y hablé en alto del mar y cómo predecir sus vaivenes, de cómo limpiar heridas y de las plantas medicinales, a la vez que desplegaba los mapas cartografiados por mí mismo con las mejores rutas comerciales desde Grithar a Ara: alquimistas, curanderos y mercaderes se agruparon a mi alrededor y pagaron bien. De entre la muchedumbre apareció una mujer vestida de blanco y cargada de mapas: tenía la piel morena, los cabellos en hermosos tirabuzones negros y sus ojos... —Calló un instante—. Sus ojos eran una dulce celda de leche y miel, pues me miró solo una vez, pero cuando los recuerdo sé que sigo encerrado en ellos.

Un bardo pidió la palabra alzando la mano y habló cuidando los ritmos:

—Vlad, turbado y maravillado, sintió admiración al contemplar los muros adornados por leones, ¡pero sintió algo distinto, más vulgar e inapropiado, al notar la resistencia de sus pantalones!

El salón irrumpió en carcajadas como truenos ante la ingeniosa rima. Vlad rio con ganas hasta derramar lágrimas y cuando solicitó continuar su relato, los presentes aporrearon las mesas de nuevo hasta que se hizo el silencio.

—Cuando hube reunido bastante dinero regresé al campamento y entregué lo acordado a los guías. «¿Encontraste a tu amigo?», me preguntaron. A lo que yo respondí: «No. He encontrado algo mejor». Se llamaba Aelena. Bebimos hasta el anochecer y nos amamos hasta el alba. Y mientras comíamos, al día siguiente, aplacado el calor que nos unió, le pedí que me hablase de su tierra, de su historia. Me habló de cómo el general Iksandros llegó hasta la capital de Iza tras conquistar todo a su paso y esperó ante sus muros, desarmado: tras él aguardaban ejércitos de pulido bronce, con las crines de los cascos sucias por el polvo del camino, y a cada lado del conquistador marchaban, majestuosos, sendos leopardos de las nieves. El rey de Iza entendió el significado de aquel encuentro entre hombre y bestias y entregó a Iksandros las llaves de la ciudad. Este se mostró magnánimo en la victoria, tan sabio en el gobierno como en el campo de batalla: respetó las centenarias tradiciones y dejó que la influencia de su imperio plantase su semilla en Iza no mediante la espada, sino a través del comercio, la cultura, las leyes y el respeto que inspiró desde que llegó ante el corazón mismo de la nación habiendo domado a las bestias que todos temen. Por eso el escudo de Iza es, desde que se tiene memoria, dos leopardos de las nieves sobre fondo broncíneo.

—Hay quien dice que Iksandros nunca existió —dijo una voz—. Que es una leyenda, otro de tantos nombres cuyas hazañas se exageran con los siglos.

Vlad sonrió con melancolía.

—Quizá. Pero fuese un mito o un hombre, dejó en Iza un regalo para el continente: un lugar en el que se mezclan el pasado y el presente, lo extinto y lo vivo, el conocimiento de sus ciudades y la brutalidad de sus montañas. Así que propongo brindar —alzó el cuerno, todos le imitaron—, por la leyenda de Iksandros. Que su legado de plazas blancas y mujeres hermosas perdure por los siglos, ¡salud!

El viajero se llevó el cuerno a los labios, pero lo encontró vacío.

—¡Seco!

—¡Vlad está seco!

El escanciador se apresuró en llenar el cuerno y alguien le arrojó un hueso por su tardanza. Los comensales encontraron la escena muy divertida, la música volvió a sonar y los allí convocados retomaron las conversaciones en corrillos.

Vlad se sentó y permaneció callado el resto de la cena, recordando con aire distraído desde el interior de su dulce celda de leche y miel.

sábado, 6 de octubre de 2012

Guía Trasgo para la ImagiCon (Urnieta)

Falta menos de una semana para que se celebre la XXX HispaCon / II ImagiCon en Urnieta (Guipuzcoa), Guipuzcoa. La anterior ImagiCon, celebrada en Mislata (Valencia) fue un éxito no solo de asistencia, sino también en cuanto a valoraciones, que destacaban la calidad de la organización, lo interesante de las ponencias y la variedad de contenidos. Guardo un muy grato recuerdo de aquellos días, por lo que no puedo dejar de recomendaros a todos que, si podéis, asistáis a un evento que promete todo lo que fue la anterior edición y todavía más. Estoy seguro de que va a ser una experiencia inolvidable para todos los asistentes.

El Rey Trasgo tendrá su espacio el sábado 13 a las 18:00 (si tenéis pensado asistir, podéis apuntaros al evento de Facebook), así que os animo a venir. Para mí supone muchas cosas, todas ellas positivas, el participar en la ImagiCon. En primer lugar, por estar organizada por la Federación Española de Fantasía Épica: pocas veces me he encontrado con un grupo de personas tan entregado, trabajador y meticuloso. Cada vez que echéis un vistazo a la programación del evento, acordaos de quienes han hecho posible que disfrutemos de algo así: desde aquí mi agradecimiento a todas ellas. Por otra parte, tendrá lugar en Urnieta, a media hora de San Sebastián, la ciudad en la que me crié. Rodeado de los paisajes por los que siento tanto cariño, de mis amigos y familiares... tiene todos los ingredientes para ser un momento único.

El evento va a estar lleno de presentaciones, actos y actividades, así que quiero compartir cuáles son aquellas que no pienso perderme y las que más interés me despiertan. Con todos vosotros, la muy personal pero altamente recomendable Guía Trasgo para la ImagiCon.

Goblin Guide, obra de Warren Mahy, propiedad de Wizards Of the Coast,
dueños de todos sus derechos y Señores de la Adicción al Cartón.
El Rey Trasgo no está vinculado en modo alguno a los trasgos de Magic,
aunque recomiendo hacerse con un par de barajas y jugar. Os gustará. 

VIERNES
  • No pienso faltar a la charla sobre La Princesa Prometida: 25 años después, el viernes a las 13:00. Conducida por mis amigos de la Federación, sé que voy a pasarme toda la hora con una sonrisa en los labios. Vi la película siendo un crío: me emocionaron los duelos, me asusté con las ratas de la ciénaga y me ilusioné al ver a André el Gigante (que sigue bebiéndose cervezas de doce en doce en el gran ring del Más Allá), al que conocía por su carrera como luchador, en una historia de fantasía. Si veis a alguien lanzando hurras y levantándose para aplaudir, seguramente sea yo
  • ¿Una conferencia sobre la estética en el fantástico por Bárbara Hernández? El viernes a las 16:00. Bárbara, además de ser una profesional con una visión clarísima del diseño y una artesana como pocas, es una de esas personas que expresa los conceptos que rigen su trabajo con una claridad y un cariño tan evidente hacia lo que hace, que no puedes sino sentarte a escuchar muy, muy atento. No os lo podéis perder.
  • El viernes a las 17:00 Iria Parente presenta su obra Pétalos de Papel, con más de 4000 descargas y dos impresiones en su haber. Ha conseguido que me interese una obra con tintes románticos, así que imaginaos lo que vale esta chica. Con escuchar a Iria durante quince minutos sobra para darse cuenta de que ama la literatura, un amor que se traduce en conocimientos y mimo a la hora de valorar y analizar textos. Su reseña sobre el Rey Trasgo me sigue maravillando. A esa hora, para los jugones, os aconsejo asistir a la charla de Ion Calafel sobre juegos de fantasía y ciencia ficción. Si el panorama del juego de tablero, rol y wargame fuese un país, Ion sería su Gran Khan, conocedor de sus dominios y señor absoluto de todos sus entresijos. ¿Os van los libros? Iria. ¿Os van los juegos? Ion. Ya me daréis las gracias más tarde.
  • A veces me gustaría poder mandar clones a distintos lugares como Madrox, el Hombre Múltiple. A las 18:00 participaré en la mesa redonda de autores noveles, en la que hablaremos de cómo es eso de dar tus primeros pasos en escribir cosas. Con Alfonso Cea al mando, esperad una hora de charla en la que nadie va a morderse la lengua. A esa misma hora, curso de corrección con Susana Vallejo (¡quiero ir!), conferencia sobre mitología a vasca a cargo de Toti Martínez de Lezea (¡quiero ir) y presentación de la editorial Cáspide de Sergio Mars (¡quiero ir!). ¡Clones!, ¡quiero clones!
  • Sidra a las 19:00. Nuff' said. Yo seré el que habla de cómo tenemos que recuperar las tendencias estéticas del Sacro Imperio.

SÁBADO

  • ¿He dicho ya que necesito clones? A las 11:00 participo en una charla sobre la blogosfera y la fantasía con pesos pesados en esto de Internet como Josema Beza, Sergio Mars o Iria Parente. Que nos os extrañe que apoye la barbilla en las manos mientras escucho sus contribuciones. A esa misma hora, charla sobre la relación entre la novela histórica y la ciencia ficción by the man himself, Javier Negrete. Sabéis lo mucho que me gusta la historia y lo mucho que ha influido en El Rey Trasgo, así que imaginad cuánto me gustaría asistir. Que alguien vaya y me cuente qué tal, por favor. Bueno, no, que venga a la nuestra y deje una cámara grabando en la de Javier. No sé. Clones.
  • No he oído más que cosas buenas de la charla que da Sergi Viciana a las 12:00 sobre cómo sobrevivir a un apocalipsis zombi. También ha llegado a mis oídos que cree que las espadas medievales pesaban demasiado, por lo que no serían una buena arma... Creo que el único modo de salir de dudas será asistir y ver por mí mismo la que fue una de las charlas más laureadas del Celsius 232. A esa misma hora, Iria Parente hablará sobre si se puede enseñar a escribir fantasía. La chica se mete en unos berenjenales donde yo no osaría... pero si alguien capaz de entrar hasta las rodillas en un tema tan profundo y salir airosa, es ella. Otra conferencia imprescindible, a mi parecer.
  • Kelonia se presenta al mundo a las 16:00, pero buscaré el modo de asistir también a la charla sobre la música en la fantasía a cargo de Magnus Dagon. Soy un melómano irredento y la música jugó un papel vital en la concepción y desarrollo de El Rey Trasgo, de lo que dejé testimonio en la pestaña "Playlist", donde encontraréis música de Schelmish, Agalloch, Summoning y muchos más. A esa misma hora, Sofía Rhei nos hablará sobre cómo crear un idioma, que es la clase de charla que me gustaría grabar para escucharla al menos una vez al mes. Pero eso no es todo: a las 16:30, la Sala de Armas Fortuna (San Sebastián) hará una introducción a la esgrima histórica. Esgrima histórica. No hace falta que os repita lo que supone esta maravillosa disciplina para mí: devoción, inspiración, admiración. Haceos un favor y dejad que los chicos de la Fortuna os enseñen por qué TODO lo que os contaron sobre espadas en las películas es mentira mientras os revelan los secretos del sentimiento del acero y la verdadera destreza.
  • La evolución de la fantasía heroica desde los tiempos de Haggard por Sergio Mars a las 17:00. Guau. Tiene pinta de ser la clase de conferencias de las que tardas en levantarte mientras las intervenciones del ponente calan y se asientan en el cerebro. De máximo interés, a mi parecer. A esa misma hora mi compañera de editorial Laura S.B. presenta su obra El letargo del pájaro de fuego, con el que Kelonia se estrena en la ciencia ficción. Si veis a alguien llorando por los pasillos, corriendo de una sala a otra para no perderse nada, soy yo.
  • El momento de la verdad, chicos y chicas. Presentación de El Rey Trasgo a las 18:00. No faltéis. Para los fans de la ilustración, Desiree Bressend conducirá una mesa redonda sobre ídem con autores como Alberto Arribas, autor de la soberbia ilustración Maverick, que podéis encontrar en el segundo volumen de la antología Descubriendo Nuevos Mundos.
  • A las 19:00, Manuel de los Reyes dará una charla que me resulta muy atractiva sobre traducción en literatura fantástica. He trabajado como traductor de novelas y me interesa mucho todo lo que vaya a comentar... aunque no sé si podré ir, ya que a esa misma hora se celebra la conferencia sobre Autoedición, en la que el gran Jesús Cañadas ha prometido sacar la munición XXL y no dejar títere con cabeza. Me froto las manos mientras me río como un villano de película clásica.
  • Uno de los momentos que espero con más ganas: concierto de Duendelirium a las 20:00.
  • Si suena bien es porque son muy, muy buenos. Tuve el placer de escuchar su pre-maqueta durante el viaje en coche al Celsius 232 y no solo nos amenizaron el viaje, sino que se convirtieron en una parte íntegra del mismo, del recuerdo. Me gustaron tanto que me atreví a escribir una reseña sobre ellos, que podéis encontrar en el ejemplar de Septiembre de la revista Imaginarios. ¡Descargadlo, que mola mucho! Tengo muchísimas ganas de escucharlos y os animo a todos a venir. Os prometo que merecerá mucho la pena.
DOMINGO

  • Conferencia sobre si hay fantasía más allá de Martin y Tolkien por los hermanos Fernando y Alfonso Cea a las 11:00. Esta charla tiene "memorable" escrito sobre ella, para aprender mucho y divertirse. Asistiré aunque mi cabeza me pida quince minutos más en la cama tras la juerga del sábado.
  • A las 12:00, taller sobre Qué quiere el lector de fantasía a cargo de la Federación Española de Fantasía Épica. Se llevó a cabo la misma charla en la edición de Tiramisú entre Libros de fantasía épica y todo el mundo se lo pasó en grande. ¿Qué mejor manera de cerrar la ImagiCon?
Y hasta aquí llega la guía. Os espero a todos en Urnieta. Va a ser inolvidable. Allí nos vemos.